Los ovarios de Raymunda Torres y Quiroga

Estuvimos este fin de semana en el 34 Encuentro Nacional de Mujeres y no podemos parar de pensar en todo lo que se habló en los talleres.

Para seguir con la línea (porque no se puede bajar la femimerca), hoy voy a hablar de Raymunda Torres y Quiroga (alias Matilde Elena Wili) que recién ahora está resurgiendo del olvido literario y siendo estudiada por teóricos y críticos. ¿Cómo es que se nos pasó terrible mostrar de la literatura feminista? Porque el canon es machista y porque las mujeres recién ahora estan resurgiendo como un ave fénix gracias a ésta ola masiva que se apodera de todo.

Este es el caso de Raymunda Torres y Quiroga, quién sin temor a ser censurada publicó textos feministas y una serie de cuentos donde ponía en relieve la violencia hacía las mujeres y lo que, todavía no tenía nombre, pero existía: los femicidios.

Brevemente voy a contextualizar su carrera literaria. 1876 Torres y Quiroga comenzó su carrera literaria y periodística publicando en La Ondina del Plata (1875-1880) artículos en los cuales defendía la educación de la mujer. Estas entregas hacían referencia a los debates que se estaban dando en Argentina sobre el deber y el lugar que debe ocupar la mujer en la sociedad. Ella, inteligentemente, tenía como principal argumento que la mujer tenía que estudiar ya que sería quien educaría a los futuros ciudadanos.

Para fines de 1877 publicó un texto que significaría el fin de su carrera literaria: “Emancipación de la mujer”. En este artículo defendería los derechos de las mujeres haciendo frente a un gran sector de la literatura. Debido a la exposición que le había generado la publicación del texto su carrera literaria se vio vulnerada. Por esto mismo fue que se alejó de este mundo y empezó a publicar en 1878 algunos cuentos con el seudónimo de Matilde Elena Wili. En 1879 también utilizó los nombres de Leopoldo y Luciérnaga. A pesar de que ya no podía publicar bajo su nombre, fue fraccionando su identidad y evitando que la censuraran. Asimismo, nunca dejó de denunciar la situación social de la mujer.

La escritura de relatos fantásticos con la firma de Wili le permitió hablar de femicidios y mostrar la vulnerabilidad de la mujer que era tutelada por el esposo. Incluso, me atrevo a afirmar, que se considera que Raymunda Torres y Quiroga fue la primera mujer en escribir sobre femicidios en la literatura argentina.

Voy a hablar de dos de sus cuentos: Eroteida y La Mancha de sangre. En éstos se ve claramente los mecanismos que emplea para contar los femicidios. Primero revela el crimen cometido por un hombre, que mantiene una relación amorosa con la víctima, sea esposo o novio. Y luego da paso a un castigo sobrehumano frente a la ineficacia del sistema legal. 

En primer lugar, en la “Mancha de Sangre” el suceso sobrenatural que le jura un castigo al femicida es la cabeza de Dea, que rueda por el piso luego de ser decapitada y le grita que la mancha de sangre siempre lo perseguirá. En el siguiente fragmento se puede observar el hecho:

“Pues bien, ahora escucha: al separarse su cabeza del tronco, ésta rodó hasta mis pies y me grito: Asesino, muero inocente, pero mi sombra será el Juez de tu conciencia. No tendrás un momento de tranquilidad. En medio del festín, en tus instantes de felicidad, la mancha de sangre será el verdugo de tu dicha. ¡Yo viviré en ti!” (Torres y Quiroga, 1879-1884, p.80).

Williams, quién mató a Dea por celos, porque creía que ella le era infiel, queda perturbado, completamente aterrorizado por el suceso sobrenatural que presenció. El narrador lo encuentra en ese estado de estupefacción y descubre que ha asesinado a la joven y a su hermano. También contempla la enorme mancha de sangre, que sigue creciendo y le recuerda el crimen que ha cometido. El narrador lo describe como un hombre trastornado: “(…) sus ojos estaban abiertos, inmensamente abiertos, hasta el extremo que parecían salidos de sus órbitas” (Torres y Quiroga, 1879-1884, p.80).

Incluso decide no denunciarlo, porque en sus mismas palabras la mancha de sangre sería su propio castigo: “No lo denuncié a la justicia. Tenía momentos de frenética demencia y entonces era cuando la macha crecía” (Torres y Quiroga, 1879-1884, p.81). El castigo de Williams no termina ahí, sino que luego de un tiempo es encontrado su cuerpo en las vías, con el cráneo comido por los cuervos y la mancha roja en su frente, recordando el crimen cometido. Esa mancha que lo persigue y le recuerda el asesinato, es su karma y su castigo.

En segundo lugar, en “Eroteida” el femicidio se produce luego de una discusión filosófica entre Eroteida y su marido, dándola por ganadora a ella. Anteriormente, el narrador y esposo de la mujer, había descubierto que ella no estudiaba álgebra, sino que hechicería. Furioso por aquello le había cogido un odio inexplicable y la discusión solo fue una excusa para cometer el asesinato:

“(…) no se si fue el demonio de la Fatalidad o el genio del Crimen (tal vez los dos) que deslizaron a mi oído estas palabras: ¡Espectro! ¡Magia! (…) Una nube de sangre oscureció mi vista y me arrojé frenético sobre mi victima” (Torres y Quiroga, 1879-1884, p.86).

El asesino estrangula a Eroteida hasta la muerte, pero el hecho sobrenatural va a vengar el femicidio. Desde ese día y durante el resto de su vida, el fantasma de Eroteida va a aparecer a la medianoche frente a los pies de la cama del marido, mirándolo fijamente y recordándole, todavía con las marcas del estrangulamiento, el crimen cometido. 

“Ella, que aún ostentaba en su garganta la señal de mis dedos, y fijaba en las mías, sus pupilas sin brillo ni expresión. (…) Desde entonces, a esa misma hora, yo la siento acercarse y veo sus ojos, sus magníficos ojos, pero velados por las sombras de la muerte. (…) Ella se va, pero el reflejo de sus pupilas se queda, se queda para alumbrar mi criminal conciencia”. (Torres y Quiroga, 1879-1884, p.86).

Por un lado, se ve en los relatos de Raymunda Torres y Quiroga que las mujeres son asesinadas por decapitación o estrangulamiento. Esto pone en evidencia el miedo de los hombres hacía la mujer que piensa, que se instruye, que es independiente. Los hombres las asesinan por miedo, por celos y por furia. Sin embargo la justicia nunca condena los femicidios y acá entra el recurso sobrenatural que permite a Torres y Quiroga vengar a sus personajes femeninos y, al mismo tiempo, exponer la ausencia del estado y el poder judicial.

Para concluir es evidente que la autora en la construcción de sus relatos hacen una crítica al sistema legal ineficiente en el cuidado y la protección de las víctimas de violencia familiar. Como explica Buret (2017) “Raymunda Torres y Quiroga denunció la situación social de la mujer bajo la escritura de relatos fantásticos con femicidios. Esto le permitió evidenciar la vulnerabilidad de la mujer tutelada por el marido”.

Es claro que, utiliza como recurso lo fantástico para poder poner en evidencia la falta de justicia y el abandono del sistema legal vigente. Es decir, la justicia no llega por parte del Estado y la sociedad, sino como una especie de justicia sobrenatural donde las víctimas regresan en modo espectral para vengar sus crímenes y castigar a sus asesinos.

Finalmente, los femicidas tienen finales terribles, al borde de la locura y postrados en una cama. Quedan locos, muertos o sin poder valerse de sí mismos. Es un recurso que utiliza la autora para condenar esos crímenes y exponer la ausencia e ineficiencia del sistema legal ante estos casos de violencia hacia la mujer en el siglo XIX.

Parece mentira que todavía tengamos todas estas falencias. Después de dos siglos seguimos viendo cómo nuestras compañeras mueren no solo adentro de sus casas, sino en las calles. Dónde el estado sigue ausente, dónde las denuncias y las perimetrales no alcanzan. Seguimos muriendo cada 27 horas y la justicia mira para otro lado. Seguimos viviendo en una sociedad patriarcal dónde a Nahir Galarza la condenaron a cadena perpetua, mientras que Ricardo Russo (el pedófilo del Garrahan) está suelto. Si ésta justicia de mierda no es patriarcal, no sé que es.

Bibliografía:

Buret, María Florencia, “La encrucijada feminista en la escritura de Raymunda Torres y Quiroga”, en Plurentes, año 6, no. 7, 2017, disponible en https://revistas.unlp.edu.ar/PLR/article/view/1380

Matilde Elena Wili (Raymunda Torres y Quiroga), “Eroteida”, “La mancha de sangre”, “El baile de los muertos”, “Las nupcias de la muerte” (Entretenimientos literarios, 1879-1884).

Publicado por laboratoriodespoilers

Hablamos de series, películas y libros. Todo libre de spoilers.

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